Entre las principales causas para el desarrollo de estas enfermedades se encuentra la aterosclerosis. Esta enfermedad juega un papel central en tres de las primeras cinco causas de muerte en México. La aterosclerosis es un proceso multifactorial causado por factores de riesgo que dañan al endotelio en forma crónica. Entre las que se encuentran, la edad, la herencia, el tabaquismo, la vida sedentaria, el seguimiento de una alimentación inadecuada, la elevación de la presión arterial sistémica, sobrepeso y obesidad y cifras de glucosa o lípidos séricos inadecuados. La anormalidad del nivel en suero de las lipoproteínas, asociadas al riesgo cardiovascular incluyen la elevación del colesterol total, de los triglicéridos, disminución de la concentración de colesterol de alta densidad (HDL) y el incremento del colesterol LDL. Datos de la ENSANUT 2006 señalan que la dislipidemia más frecuente en adultos es la hipoalfalipoproteinemia (60.5%) y el segundo lugar lo ocupa la hipercolesterolemia (43.6%). Cifras mayores de 160 mg/ dL en colesterol no-HDL estuvo presente en 39.1% de los hombres y 45.3% de las mujeres.
Las dislipidemias deben prevenirse mediante la recomendación de una alimentación correcta y actividad física adecuada. A excepción de las de origen genético o primarias. Las acciones de prevención para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular deben tener como objetivo reducir la ingesta de grasas saturadas y de colesterol desde la niñez, derivadas de cinco estrategias: 1) Alimentación correcta, 2) Mantenimiento del perfil lipídico dentro de límites normales, 3) Mantener un peso saludable, 4) Mantener la presión arterial entre valores normales y 5) Prevención primaria y secundaria.
El patrón de alimentación correcta y la actividad física que se deben seguir, para evitar el desarrollo de dislipidemias son: el consumo calórico adecuado, moderación en el consumo de alimentos de origen animal, colesterol, grasas saturadas, sodio y azúcares simples e incrementar la actividad física. El aporte calórico de la dieta, en una persona en peso adecuado una ingesta entre 20 a 25 Kcal/Kg, si su peso está por arriba de lo recomendado, el aporte será entre 15 a 20 Kcal/Kg de peso. El contenido de grasa de la dieta corresponde al 25-30% de las calorías totales ingeridas, de las cuales < 10% corresponderá a las grasas saturadas, 10% grasas mono-insaturadas y 10% poli-insaturadas; si con estas indicaciones se continúa con niveles altos de colesterol, la cantidad de grasa saturada, debe reducirse al 7% del contenido calórico total de la dieta. Se aconseja consumir menos de 200 mg de colesterol por día.
No se recomienda el consumo de alcohol. Si se consume de manera habitual no deberá exceder de 30 ml de etanol (dos copas de destilados) al día; en personas de talla baja deberán reducir este consumo, a la mitad. El tabaquismo, por tratarse de unos de los factores de riesgo cardiovascular de mayor importancia debe suprimirse o evitarse definitivamente, tanto el tabaquismo activo como el pasivo.
En el caso de personas con escasa actividad física o vida sedentaria se tiene que incorporar la práctica de actividad física hasta alcaznar al menos 30 minutos continuos, la mayor parte de los días de la semana o bien incrementar las actividades físicas en sus actividades diarias.
El tratamiento farmacológico y no farmacológico debe ser de forma permanente y en la dosis adecuada para mantener las cifras de lípidos de acuerdo al grado de riesgo. Son candidatos para tratamiento farmacológico permanente, pacientes que están fuera de los niveles deseados de lípidos, de acuerdo a su nivel de riesgo cardiovascular a pesar de las intervenciones no farmacológicas. La razón de ser del tratamiento farmacológico de las dislipidemias no es sólo la corrección del perfil de lípidos, sino la reducción del riesgo cardiovascular, para aumentar la expectativa y calidad de vida. Para ello, es necesario mantener el tratamiento de forma continua e ininterrumpida. Es necesario el inicio del tratamiento farmacológico en los siguientes casos:
• Pacientes con riesgo cardiovascular elevado
• Pacientes con riesgo intermedio o bajo con concentración de lípidos >10% del nivel deseado
• Pacientes con riesgo intermedio o bajo que no alcanzan en tres meses los valores deseables.
En el caso de que no se logren las metas del tratamiento con el fármaco inicial, se emplea otro fármaco, o una combinación de dos de ellos, aunque en la mayoría de los casos el uso cuidadoso de un fármaco resulta suficiente.




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